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El Nobel colombiano Gabriel García Márquez. |
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Efe/ Zacatecas (México)
El Nobel colombiano sugirió «simplificar la
gramática antes de que la gramática termine
por simplificarnos a nosotros. Hu - manicemos sus leyes, aprenda
- mos de las lenguas indígenas, a las que tanto debemos,
lo mucho que todavía tienen para enseñarnos
y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos
técnicos y científicos antes de que se nos infiltren
sin digerir», apuntó.
El autor de Cien años de soledad dijo que «hay
que jubilar la ortografía, terror del ser humano desde
la cuna; enterrar las ‘h’ rupestres, firmar un
tratado sin límites entre la ‘g’ y la ‘j’,
y poner más uso de razón en los acentos escritos.
Negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros,
los qués endémicos, el dequeismo parasitario,
y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas:
váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de
cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro
muramos», sugirió el escritor colombiano.
La opinión a este respecto del premio Nobel de Literatura
español Camilo José Cela es muy diferente. Sin
querer entrar en polémica con su colega colombiano
–«me pareció bien todo lo que dijo, no
voy a hacer interpretaciones de su discurso», comentó
Cela– el escritor español dijo que la pervivencia
de la h es incuestionable, «s i e m p r e que sea por
razones etimológicas», puntualizó. «En
eso hay que ser inexorables, si la presencia de la ‘h’
obe - dece a razones etimológicas, yo no la quitaría
jamás; ahora bien, si está por razones caprichosas,
sí, y lo mismo opino sobre la ‘b’ y la
‘v’, todo tiene su razón de ser»,
defendió Cela.
Faltas de ortografía
Cela criticó que «en España ahora se
ha puesto de moda tener faltas de ortografia», una práctica
que considera inaceptable, y recordó que cuando era
catedrático de Universidad, suspendía categóricamente
a los alumnos que cometían este tipo de errores, para
los que a su juicio no hay excusa alguna.
La opinión de Cela es también radicalmente
contraria a la del profesor Raúl Avila Sánchez,
investigador del Colegio de México, quien considera
que «la ortografía es una forma de control social,
porque lo que la gente con poder quiere es que todo el mundo
se alfabetice, pero no que escriba».
Avila, responsable del Centro de Estudios Lingüísticos
y Literarios de la más prestigiosa institución
académica de México, capitanea un grupo de investigadores
hispanoamericanos que propugnan acabar con lo que consideran
la tiranía de unas reglas caducas. «Lo más
antidemocrático es la ortografía, porque la
decide un cuerpo colegiado, sin más, a partir de una
versión que no corresponde con lo que muchos p e n
s a m os», afirmó el lingùista mexicano,
para quien la justificación etimológica de la
perdurabilidad de la h es un argumento muy endeble.
«Es absurdo que se tomen palabras supuestamente formadas
de manera etimológica para que un pueblo que venga
dentro de veinte siglos recuerde cómo hablaba un pueblo
que existió cuarenta siglos antes», opinó.
Avila Sánchez defendió la aplicación
de una revolución gramatical que denomina Nueva Ortografía
y argumentó que no hay necesidad de diferenciar por
escrito lo que al hablar no se distingue. «El contexto
re suelve siempre las dudas», insistió.
Un buen escritor
Mientras tanto, en España los académicos coincidieron
en señalar que la ortografía española
es imprescindible y ser un gran escritor no implica ser un
buen lingúista. El académico y escritor Luis
Goytisolo dijo que los comentarios de García Márquez
eran «contradictorios porque si se hiciese lo que él
dice se complicaría el idioma. La gente que estudia
inglés tiene dificultades por la carencia de normas,
por eso es tan fundamental el spelling en las lenguas sajonas».
Francisco Nieva, dramaturgo, afirmó que García
Márquez es un grandísimo escritor y puede permitirse
el lujo de decir lo que quiera, pero considera absurdo que
las cosas se vuelvan del revés porque incluso estando
así aparecerían otras reglas distintas. Añadió
que no hay que hacer demasiado caso a estas cosas.